Tuvo que pasar nueve meses en el vientre de un ser tristeNutrirse con poco y luchar el doble.
Asistir sin ganas a la hoguera donde ardía su madre
Tragarse el orgullo y suplicar un descuento en el funeral.
Ignorar el estudio y sus edificios y asistir de pleno a la calle
Y ahora, fuerte y decidida, con un mundo superior al mío en todos los sentidos, viéndome con cierto aire de arrogancia, en esta habitación decorada por una mente retorcida, saturada de espejos, ella, con su fuerza de mil años, desatando su poder y jalándome con furia hacia su rostro, me dice que por favor no espere, que ahora es el momento.
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