Regreso a casaAquella mirada le dejó el corazón revoloteando como un pájaro asustado. Los ojos azules, casi blancos y medio entornados de aquel tipo la mantuvieron cautiva por un instante, lo suficiente para inducirla al vértigo de sentirse contenida de manera absoluta en los ojos de un extraño. Con dificultad, logró hacerse la desentendida y apresurar la marcha buscando escapar de ese momento. Quiso retomar el hilo de la conversación por celular, pero el sentimiento de persecución la obligó a despedirse a la carrera y voltear por primera vez, ante la impresión de que el hombre viniera pisándole los talones. La falsa alarma alcanzó para sacarle una sonrisa, sin embargo, no podía deshacerse del sobresalto de cargar todavía con el peso de aquellos ojos, los sentía en todo el cuerpo como una prenda de vestir muy ajustada que le cortaba la respiración.
Nunca se fijaron en ella de esa forma, estaba acostumbrada a la mirada de los hombres que la reconocían como una mujer atractiva, también conocía la mirada de aprobación o descalificación de las mujeres que juzgaban su atuendo, pero lo de ese sujeto no fue nada parecido. El simple repaso de pies a cabeza al que la sometió, bastó para hacerla sentir recién desempacada en ese parque, completamente indefensa, como si la única luz que quedara encendida en el mundo le apuntara directo al rostro, inquisidora, reclamándole confesar un delito o revelar un secreto. Se llevó la mano al pecho tratando de aliviar el ahogo, en ese mismo momento, creyó que alguien detrás suyo le hubiera susurrado al oído ¿volverás? Ella volteó de inmediato con el terror de encontrarse nuevamente sumergida en los ojos de quien, además de mirarla, ¿acaso se había atrevido a perseguirla? No, otra vez el asunto fue imaginario y ella, volviendo a enfocar el camino que avanzaba, no consiguió atender el color del semáforo o retroceder, cuando al chillido de los frenos se sumaron los gritos y un par de vueltas en el aire antes de empezar a dibujar un jeroglífico en la carretera con el hilo de sangre que manó de su cabeza. Mientras tanto, en el parque, el culpable de la mirada, luego de arrojar el último grano de maíz a las palomas, volvía a ponerse sus gafas oscuras e iniciar, de memoria y abriéndose paso con un bastón, el camino de regreso a casa.
5 comentarios:
Que bien
Super...!!! Excelente cuento corto...
Super!!! Excelente cuento corto...
ME GUSTO! esta historia no tiene desperdicio.
excelente
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