jueves, 10 de marzo de 2011

Mimi Barboza

MARCANDO EL TIEMPO

Al final
hay un olor de la última
luz que se apaga

Afuera
se sienten las estacas clavadas
en su tierra fría
..............................

OTRO BAILE


Ella se sentará y se le quedarán los pies plantados
No sabe si su danza estará del otro lado del telón
O tal vez un público emocionado
aplauda los movimientos cadenciosos de otros cuerpos

Ahora la acompaña una silla de ruedas
súplicas de rosario en mano
Las equivocaciones del domingo le enredan el camino
que la condenará a bailar entreteniendo su memoria.

miércoles, 16 de febrero de 2011

José Ávila Forero

EMBRUJO

Los hilos dorados de la mañana
se filtraban sin permiso
por entre las rendijas
iluminando el desorden
de sábanas y olores
que extrañamente se alargaban
hasta la última edición
de mi más reciente libro
arrojado a la tormenta.

Gustavo Arteaga

MANOS

Gruesas, ásperas, sucias
uñas mal cortadas llenas de tierra
dedos gruesos, cortos, callosos
propias para arrancar yuca,
ñame o cortar plátanos.

Pero no…
Esas toscas manos negras
eran hábiles y sutiles
como una paloma blanca
que al llegar a la curtida piel de un tambó
como mariposas volaban sobre él
acariciando ese tenso cuero…
Sacándole sonidos musicales
que perduran por siglos.
Son las manos rústicas de un negro tamborilero.

lunes, 14 de febrero de 2011

Juan de Dios Sánchez

Regreso a casa

Aquella mirada le dejó el corazón revoloteando como un pájaro asustado. Los ojos azules, casi blancos y medio entornados de aquel tipo la mantuvieron cautiva por un instante, lo suficiente para inducirla al vértigo de sentirse contenida de manera absoluta en los ojos de un extraño. Con dificultad, logró hacerse la desentendida y apresurar la marcha buscando escapar de ese momento. Quiso retomar el hilo de la conversación por celular, pero el sentimiento de persecución la obligó a despedirse a la carrera y voltear por primera vez, ante la impresión de que el hombre viniera pisándole los talones. La falsa alarma alcanzó para sacarle una sonrisa, sin embargo, no podía deshacerse del sobresalto de cargar todavía con el peso de aquellos ojos, los sentía en todo el cuerpo como una prenda de vestir muy ajustada que le cortaba la respiración.

Nunca se fijaron en ella de esa forma, estaba acostumbrada a la mirada de los hombres que la reconocían como una mujer atractiva, también conocía la mirada de aprobación o descalificación de las mujeres que juzgaban su atuendo, pero lo de ese sujeto no fue nada parecido. El simple repaso de pies a cabeza al que la sometió, bastó para hacerla sentir recién desempacada en ese parque, completamente indefensa, como si la única luz que quedara encendida en el mundo le apuntara directo al rostro, inquisidora, reclamándole confesar un delito o revelar un secreto. Se llevó la mano al pecho tratando de aliviar el ahogo, en ese mismo momento, creyó que alguien detrás suyo le hubiera susurrado al oído ¿volverás? Ella volteó de inmediato con el terror de encontrarse nuevamente sumergida en los ojos de quien, además de mirarla, ¿acaso se había atrevido a perseguirla? No, otra vez el asunto fue imaginario y ella, volviendo a enfocar el camino que avanzaba, no consiguió atender el color del semáforo o retroceder, cuando al chillido de los frenos se sumaron los gritos y un par de vueltas en el aire antes de empezar a dibujar un jeroglífico en la carretera con el hilo de sangre que manó de su cabeza. Mientras tanto, en el parque, el culpable de la mirada, luego de arrojar el último grano de maíz a las palomas, volvía a ponerse sus gafas oscuras e iniciar, de memoria y abriéndose paso con un bastón, el camino de regreso a casa.

Edgardo Herrera

CONFESIÓN

─ Oh señor, alíviame.

Pasaba las doradas cuentas entre sus gruesos dedos, manchados y pintados de esmalte.
En su cubículo oscuro, poblado de aromas, escuchaba las confesiones atento a cuál de ellas podría servirle.
El templo comenzó a desocuparse. Los cirios encendidos iluminaban el rostro de las imágenes. Un joven ocupaba solitario la última banca, aguardaba ansioso su turno en el confesionario.

─ Oh señor, perdóname.

Al escuchar la voz un tumulto hirviente corrió por sus venas, los latidos desbocaron y el sexo olvidó el letargo.
Acercó el rostro a la rejilla y advirtió que él lloraba.

─ Cinco avemarías y tres padrenuestros, le dijo, ¿podrías venir hoy en la tarde?
─ Pensé que nunca lo dirías.
─ ¿Qué te sucede, por qué no te he visto comulgar últimamente?
─ No lo sé, no me siento cómodo al hacerlo.

Un dedo manchado corrió la tela púrpura que cubría la rejilla y se encontró con dos estrellas encendidas
El eco de las voces bajaba y subía y llegaba hasta el sagrario. Un viento frío apagó las velas. El hombre, despojado de sus hábitos y provisto de una enorme sonrisa, comenzó a encenderlas una a una, rogando un beso y una caricia a cada llama.

domingo, 13 de febrero de 2011

Edisson Duarte

SEGUNDA LEY DE LA TERMODINÁMICA

A L se le hacen dos hoyos en las mejillas cuando ríe y sus ojos forman dos líneas casi rectas dignas de la mejor genética de su raza…Tiene la frescura de una chica de veintitrés años, con ese aire de aparente ingenuidad que yo no le creo. Al comienzo, mientras discutíamos los temas de la clase me decía profesor y no sé en qué momento empezó a tratarme con la familiaridad de dos personas que han compartido muchos años.
El otro día le dije:

– Anoche soñé contigo
– Una pesadilla, dijo y soltó la carcajada
– No, soñé que te besaba.

Una pausa larga se mezcló con la humedad de la tarde y no supe qué pensar, ella se concentró en las letras de la pantalla de un computador que parpadeaba; entonces me dirigí a la salida y allí, con mi mano en la manija de la puerta, sentí el escalofrío de sus palabras.

– Desde niña me enseñaron que los sueños son para cumplirlos.

Los sueños son para cumplirlos, ahora L me pregunta si la historia del Cacique Calarcá es cierta, y ríe mientras mis dedos traviesos le recorren el cuerpo desnudo, para aumentar el misterio le digo que sí…Se queda pensativa y me pregunta si puede encender un cigarrillo, no espera mi respuesta y el cigarrillo entre sus dedos proyecta la imagen de una mujer segura; después mientras nos bañamos me confiesa que tiene un novio que me admira…

…El novio que me admira me habla de la segunda ley de la termodinámica, el caos de su cuarto en la mañana y la pereza de arreglarlo, “Siempre hay que invertir energía para mantener el orden”, le sonrió fingiendo sorpresa ante su ingenio, L sigue unida a su mano mirando por la ventana una nube que se aleja.

…Una nube que se aleja, el sonido de mi celular, la voz de L diciéndome que en esta tarde le gustaría un poco de entropía y lo repite con una voz suave, “Un poco de entropía en nuestro lugar secreto”…Mientras mi boca le besa la planta de los pies L sonríe, después subo por sus piernas hasta sus nalgas, ahora L quiere la historia del árbol de café que nació torcido, si no hay historia no habrá lo otro, entonces comienzo con el tono que le gusta y hago pausas para besarle los senos y luego de nuevo las plantas de los pies; cuando termino la historia L me mira con unos ojos que no tenía antes y se entrega con tal pasión que siento temor de no estar a su altura…La entropía en el universo siempre aumenta…

…La entropía en el universo siempre aumenta, dice el novio de L, con una convicción que me recuerda a los grandes oradores de los congresos de química, “El azar domina el mundo”, continúa mientras pasa sus grandes manos por la cintura de L y ella sonríe con un gesto de aceptación…

…La aceptación de L a pasar otra tarde conmigo me confunde, un premio que no merezco…La pantalla del computador parpadea, la humedad del aire y el escalofrío de sus palabras…

– Qué cosas dice usted profesor.

martes, 1 de febrero de 2011

José Ávila Forero

CONJUROS

Anido en sus pupilas
me diluyen sus negruras.
Untada de arco iris
o de claros oscuros
mi negra está radiante.
Soy dueño de sus frutos
y olores escondidos.
Mi negra se adorna
con el humo del tabaco
y extraños rituales.
Nalgas al viento
galope delirante
mi negra se ilumina
cuando está desnuda.

jueves, 27 de enero de 2011

Onésimo Andrade

CALOR EN LOS PIES

Hefesto me ve y golpea con un palo encendido,
Corrí,
Me zafé de Agni, de sus brazos, estaba perdido,
Corrí,
Zhu Rong montó sobre un dragón de fuego rojo,
Corrí,
Sálvame Prometeo, te lo suplico y deja ese enojo,
Sálvame, y por todos mis días te estaré agradecido.

martes, 18 de enero de 2011

Edgardo Herrera

Tuvo que pasar nueve meses en el vientre de un ser triste

Nutrirse con poco y luchar el doble.

Asistir sin ganas a la hoguera donde ardía su madre

Tragarse el orgullo y suplicar un descuento en el funeral.

Ignorar el estudio y sus edificios y asistir de pleno a la calle

Y ahora, fuerte y decidida, con un mundo superior al mío en todos los sentidos, viéndome con cierto aire de arrogancia, en esta habitación decorada por una mente retorcida, saturada de espejos, ella, con su fuerza de mil años, desatando su poder y jalándome con furia hacia su rostro, me dice que por favor no espere, que ahora es el momento.

domingo, 9 de enero de 2011

Mauricio Aragón

Y había partes de tu cuerpo donde la luz no llegaba
ahí reinaba la sombra
pero yo dueño del ojo de la Noche
caminé dentro de ti a oscuras
sentí en tus caderas una percusión siniestra
como un tambor místico
como si en ti latiera el corazón del Tiempo


martes, 4 de enero de 2011

Juan De Dios Sánchez Jurado

Amarrado a la pata de la cama

El tipo que acababa de sentarse en la mesa de al lado la chequeaba sin disimulo. A ella, una prisa de sangre le enrojeció las mejillas, apenas adivinó la intención del hombre de levantarse para acompañarla. Justo en ese momento, el niño regresó del baño, frotándose los ojos y acomodándosele en las piernas, con la cabeza entre el pecho y el dedo en la boca. De inmediato, el hombre desistió del acercamiento y para despistar, aprovechó haberse puesto de pie para ubicarse a un extremo de la barra. Decepcionada, la madre atendió los halagos de la mesera respecto al encanto del hijo. Con impostada cortesía, le propuso: se lo cambio por una taza de café. La mesera no supo si reír, se apresuró a dejar el azúcar sobre la mesa y marcharse. Un movimiento brusco del niño obligó a la madre a reprimir sus ganas de lanzarlo al suelo. El hombre que hace un rato le profesó abierta admiración, ahora sólo le ofrendaba la amplitud de su espalada, como una puerta cerrada a cualquier chance de idilio en aquella cafetería.

No era la primera vez que alguien se retractaba de sus coqueteos por causa de la criatura. Su vida consistía en estar las 24 horas pegada al fruto de sus entrañas y, al mismo tiempo, sentirse completamente sola. Esa noche, tratando de dormir con los brazos del niño amarrados alrededor de su cuello, recayó en la retahíla de lamentaciones que se reprochaba, primero por darles rienda suelta y segundo, por arrepentirse de ellas sólo en parte. Y qué tal si no hubiera llevado al chico a la cafetería, conocía de otras madres que dejan a sus hijos encerrados en casa, con un pie amarrado a la pata de la cama mientras ellas salen a atender sus asuntos. Tal vez ahora su número telefónico estaría en manos de aquel hombre y, al menos ahora, contaría con la ilusión de una llamada. Tal vez en ese instante, estaría en brazos de otro hombre distinto a este que a diario la mira con sus mismos ojos, y se alegra de estar a su lado con su misma sonrisa. Y qué tal si hace años sus plegarias hubieran sido atendidas y la prueba sólo hubiese mostrado una línea. Y qué tal no arrepentirse al último del acuerdo con aquel médico que le garantizaba un procedimiento de un par de minutos, para asegurar el resto de su vida.

Habría seguido con más suposiciones, de no ser porque un movimiento brusco del niño la sacara de sus pensamientos, como si dormido los adivinara. Lo observó largamente, embargada por una descarga de afecto en la que estuvo sumergida hasta que volvió a la realidad como por un pellizco. Y otra vez fue su soledad, y la resignada convicción de que pospondría los reclamos de su cuerpo, al menos hasta que el niño tuviera edad para entenderlo.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Francisco Angulo Guerra

Una familia ideal

La mañana está descalza,
la piel descubre la humedad del balcón.
Ella aparece casi desnuda, siempre vulgar,
riendo siempre a carcajadas.
Intenta cubrirse con una bata diminuta,
la brisa es cómplice de todo,
observo sus muslos oscuros
madurados en el fuego de los cuarenta,
el contraste de los opuestos aumenta,
frente a mí despliega sus frutos,
simplemente, como si yo no existiera,
su lascivia indiferente
ha llegado intacta a sus hijos,
muy a pesar del padrote zángano
que cohabita con ellos
pero a quien doy las gracias
por esta visión que me tortura.

Los tres hijos
todo el tiempo la rodean,
se abrazan entre sí, tocan sus cuerpos, se consienten…
¿…Cómo no hacerlo si son pura belleza…?

El menor, de siete años,
divaga entre mundos exóticos
auspiciados por la brisa.
La mayor, de 16,
cuerpo de muchacho ausente,
pechos en cuarto creciente.
Pero el centro, a quien todos veneran,
es Tadzio de este otro mar.

Visto a la distancia, a mí también me perturba
y quisiera ser su padre y su madre
para tenerlo junto a mi regazo,
y hundir mis dedos entre sus cabellos
hasta que se apague el punto donde estalla el atardecer.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Alicia Norma Alayón

Le da miedo dormir sola. Abrazada al muñeco sus años se multiplican y es posible adivinar una mujer valiente y determinada. Las luces de la calle parecen estrellas filtradas por su ventana. La niña aprieta el muñeco de bordes rústicos y valor incierto. Cierra los ojos y se cuenta una historia de brazos fuertes y sudores mezclados. Se acaricia.

………………..

Espuma

Otra vez la espuma se desliza suave por mis piernas. Mi piel toda se prepara para verte. El ritual me hace feliz en una especie de adelanto fantástico que te trae a mis brazos antes de tiempo.
Cierro los ojos y te imagino, mientras el agua tibia me recorre, presagiando tus manos. Me sorprendo repitiendo ese gesto tan tuyo. Acabaré pareciéndome a ti y eso sería una tragedia.
Ya suficiente con repetir tu nombre, sólo por el placer de recorrer con mi lengua cada una de sus letras. Tararear tu canción y esperar la venia de un reloj que se resiste a avanzar. Quiero permanecer así, con mis ojos cerrados, de cara al agua, de espaldas a la realidad.
Abrir los ojos es ver cómo el agua empuja montañas de espuma que ruedan resignadas por mis piernas y desaparecen en la oscuridad del desagüe. Es recordar el reloj marcando una hora que no llega.
Es aceptar que depilarme hoy, es otro inútil homenaje póstumo.
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domingo, 26 de diciembre de 2010

ROSEMARY MACIÁ

UNA RADIOGRAFÍA DE 1984


Eduardo mira triste la luna caer sobre los gatos
y a los gatos saltar sobre sus años.
Perdigones como lágrimas, diría el médico
perdigones como lágrimas, repetían las tías en voz baja.
Él lloraba.

Fue su amigo, su vecino
quien disparó sobre su espalda
con esa irreflexión tan propia de los quince años.

Eduardo aún recuerda
cuando deambulaban juntos por las calles
y las muchachas pasaban con sus vestiditos cortos.

Recuerda también
hoy cuando no hace más que recordar
un sonido de película de gánsteres
un dolor agudo, luego gritos
Y desde entonces
esa silla cromada
esa silla.

domingo, 13 de junio de 2010

GONZALO ALVARINO

Elegía en forma de campana



Esa criatura muerta en el reloj

el giro repentino de la luz en el piso

la cama que mira con sus ojos en blanco

conducen mi lamento en este día de rencor acumulado

hacia ese tiempo que cae en forma de lágrimas

en el camino de palabras amarillas que me esperan.

domingo, 25 de abril de 2010

Poema de Ruth Patricia Diago


Bien por estos huesos.

A mí, fiera cotidiana
experta en amansar dolores
excomulgada por una monja
desde los siete años
Yo que de continuo
me despeño contra los meses
sabiéndome mujer impar
luego de haber liberado
el área hipotecada de mi cama
sobre la que ya no se sacude ningún pez
Porque me valgo de mis chanclas y el trapero
para justificar el baile diario
y convencida de que soy ajena
a los sueños de Dios busco entre sus desperdicios
lo necesario para recomponer la sonrisa
Porque en mi sala han trascurrido los diciembres
con la precipitud de los desastres
Aún así quiero creer que eres parte de esa luz
que encandila hasta las piedras
porque tu madera me es afín de manera extraña y ruda
A mí, a quien un prontuario de sillas destruidas señala
pues si algo me sobra es culo para aguantar
siendo capaz de armar un almuerzo a partir de dos tomates
y vestida de verde soy el cactus de púas adormecidas
Por la columna con cicatrices de hormiga que se burla
de este llanto terroso que mana hacia adentro

A mí, todas las alas que contemplo confinada en este cuerpo incomodo
y el aplauso permanente entre el océano y la roca.

lunes, 15 de marzo de 2010

La poesía y el tiempo

(Sin título)

Dudamos de los besos,

de sentir los años

devoradores de retratos.

Remiendos movidos por la brisa,

piel que se ensancha y se ciñe

a la edad perdida en el inacabable tiempo.

MIMI BARBOZA

Un cuento de Jasmine Padilla


TRANSEÚNTE

Absorto en esta melancolía de tiempo, de los mismos políticos de ahora y de siempre, entre el bus y las horas, decidiste, cualquier día, abofetearte frente al semáforo. Uno que otro transeúnte te miraba, pero con ojos idos y crisálidos, esos conocidos por miles, reconocidos como colombianos en algún tren de París, en algún burdel de Sao Paulo, te preguntó uno, qué era lo que te pasaba y tú, respondiendo con esa risa inocente le dices: Es que no me pasa nada; del trabajo a la casa, la misma mujer, las mismas horas, los mismos segundos, acaso usted no se aburre? El otro, sin escuchar siquiera, o bueno, escuchando solo cuando se hizo referencia a la mujer, imaginándola candorosa entre sus espacios de mente, se dice y le dice: no piense gϋevonadas, continúe en el país del divino niño, santígüese con eso todo pasa.

Y otra vez el bus, otra vez la cama, qué día es hoy, pregunta cándida, si ya sé que es domingo, túmbate boca arriba mientras te lleno de flujo seminal a ver si por fin quedas preñada y me dejas de joder la vida, gime, gime, gime estimula mi sexo ondulante aquel que casi ya ni funciona de tanto hastío. Prendes el televisor y como babaza se arrastran imágenes, lo único que logras observar son pechos erguidos, vaginas lúbricas, próximas a la copulación. Duermes y otra vez el bus… observas cómo entregan a los muertos del día, como si de comida se tratase, los entregan en una cajita pequeña de madera con una bonita capa de barniz, para que no estorben tanto, piensas; ocurre que en este lado del inmerso charco el balance de muertos se realiza día a día evitándose el dispendioso trabajo de llevar contabilidad fiable y de anunciar horrorizados el mal del mundo, de la política del malparido, cuál malparido, ése justo, ése que ambos pensamos, no te hagas el huevon, para maricas ya bastan los curas. Monologo interrumpido. Manuel qué haces, traes, por favor, huevo, leche, pan. Sí, no te preocupes, y alcanzas a ver un pedacito de muro mientras recorres la ciudad estéril que pare puros bípedos para que empiece nuevamente el ciclo bien conocidos por todos, ves el muro impasible al tiempo, pulcro, en frente de muertos y de alimento para los que comen. ¿Vivos? Estos no se les llaman vivos, por el simple hecho que se alimenten y cojan no están vivos, ¿a qué no? ¡Compruébenlo! Observas el murito, se te hace solo, imponente, como roca calcinante que observa y cuenta tácitamente el transcurrir de los muertos, decides entonces poner una rayita o más bien cuántas Cuántos fueron los muertos de hoy, preguntas a un transeúnte detenido. La cuenta ya va por 15 y eso que son las 6, hoy es un buen día y sonríe, entonces son 15 rayitas, decides maldecir al DANE que no hace su trabajo y te pones en la tarea que no se esparza la arena de olvido sobre ti, sobre los otros no, sobre ti. Te escapas del trabajo, tiras con apuro y miras alegre los ojos que acaso se detienen por instantes en el muro aquel que es lápida y recuerdo y consuelo y que no permite que te caiga la arena. Todos los días vuelves y anotas los que llevan 15, 14, 9. Hoy si fue un buen día solo 9 te dices feliz, mintiéndote descarado porque bien sabes que andarán los otros sirviendo de abono para que la perra haga su nido feliz y empiece de nuevo el derrame, la sobre población, la inmundicia, ¡qué acaben con los malditos perros que los entierran! Eso es imposible, si acaso se acuerdan de los muertos por el numero de rayitas impávidas que de a poco vas sembrando en la lapida del recuerdo. Sales del trabajo, comes y eres feliz de a ratos cuando tu cuenta mortecina te sirve de escudo para el tiempo, decides hoy adelantar los números. No vaya a hacer que el sábado dejes de contar, quizá haya otro, te dices, u otra. Divertido te acercas a tu muro-escudo y observas asombrado una pequeña niña de ojos que pocos conocen, sacando del bolsillo de su falda una tiza, hace una raya, luego diez, hay otro, celebras, decides entonces acercarte, conocer a esa otra que también se divierte huyéndole al olvido, a la memoria suramericana, a la maloliente necedad del tiempo, como un milagro voltea inocente su cara tiznada. Te mira a los ojos.

jueves, 25 de febrero de 2010

Cuento de "Mimi" Barboza

OTRA MAÑANA

Lo primero que Isabel veía al despertarse, era el cuerpo de Rubén, todavía dormido con las sábanas descubiertas; sus ronquidos le interrumpían el sueño que la obligaban a salir de la cama. El despertó un poco más de las 6:00. Rápidamente se levantó, como siempre prendió la radio para escuchar las noticias y en segundos se bañó para vestirse tranquilo con su ropa fina de marca desconocida, que las lavadas y planchadas la dejaban con sus manos atropelladas.

Todavía estaba en el dormitorio, siempre del mismo modo, con la misma actitud, guardaba silencio, quizás porque ella estaba quieta, desnuda. Las pocas veces que mira su cuerpo, le clava los ojos encima como si quisiera deformarla. Enseguida, con aires de impaciencia, empieza con exigencias que le mantenga lista y muy caliente las tres comidas con un amplio recetario para salvar el enlace, como muchas veces le ha manifestado. En el proceso de su digestión le toca a ella tragarse sus olores, civilización y urbanidad.

Sus ofensas y críticas han empeorado, Isabel, quería descansar, ver su novela, jugar con sus hijos…, y hasta conversar.

El desempleo ha tocado a las puertas de Rubén. Sale todos los días con sus herramientas de trabajo inventándose desempeños que son solamente un papel dramático de sus fantasías.

Isabel, había odiado cada día el tiempo conviviente y esperaba odiarlo los años que les quedaran.

Un día Rubén, aburrido del paro forzoso, empacó sus dos maletas. Con voz ronca y molesta:
-¡Me voy!

Isabel estaba de espaldas y él le tocó sus hombros fuertemente. Ella no quiso volver la mirada, sentía ¡Qué día tan grande! ¡Por fin sola! Exhaló como si quisiera que el viento se llevara sus sombras. Repetía una y otra vez, quiero ser mía de mí. Nadie le entendería bien estas palabras sin sentido.

24 de diciembre. Suena el teléfono. Desde lejos él la llama.

Le dijo en tono irónico -te dejé un regalo en el armario-
Con desconfianza y miedo ella abrió el armario… Ahí estaban las dos maletas…

miércoles, 24 de febrero de 2010

NUEVA INTEGRANTE DEL TALLER LA URRAKA

I

Estoy llena de espectros,
La sombra que había tenido por compañera
Ha terminando abandonándome,
era la última que faltaba.

Un faro a lo lejos quiere iluminarme,
Me cuenta de habitación conjunta
De besos seguros,
De un solo semen.
Su luz reiterante,
Pretende alterar mi orden.
Sonrío,
Prefiero la oscuridad, así tenga que coserme los parpados.

Escritora y poeta Jasmine Padilla Acosta

LA GENERACIÓN FALLIDA

SOMOS UN COLECTIVO QUE RESPETA LA PALABRA, AMA LA POESÍA Y CREE EN LA DIGNIDAD DEL ARTISTA.